Breve Historia de la Ciudad de Toledo

La ciudad histórica de Toledo está situada sobre un escarpado peñón que rodea y aísla casi en su totalidad el "torno del Tajo", un singular meandro que traza este río. Su gran valor estratégico y defensivo, así como un entorno geográfico favorable con agua, tierras de labor, pastos y bosques, explican la continuidad de su ocupación desde la prehistoria.

Fue una importante ciudad celtibérica, más tarde conquistada por las legiones romanas. De esta época han quedado abundantes restos materiales, como el circo, parte del sistema de cloacas y de la conducción de aguas, así como restos de villas y necrópolis.

En el siglo VI fue capital del Reino Visigodo y escenario de los Concilios de Toledo, asambleas con funciones eclesiásticas, políticas y legislativas. De este periodo han quedado restos materiales, recogidos en la iglesia de San Román, hoy Museo de los Concilios y de la Cultura Visigótica, y numerosos elementos decorativos aprovechados en construcciones posteriores.

La huella musulmana es especialmente notoria en el trazado del plano de la ciudad, un entramado laberíntico de pequeñas callejuelas empinadas y estrechas, y de adarves sin salida, muchas veces techados con cobertizos.

De esta época se han conservado edificios tan significativos como las mezquitas del Cristo de la Luz (o de Bab-al-Mardon) y Tornerías, las puertas de Alfonso VI, Alcántara y Bab-al-Mardón.

Tras la conquista cristiana de la ciudad, el 25 de Mayo del año 1085, Toledo queda incorporada al Reino de Castilla, comprometiéndose el rey Alfonso VI a respetar las personas y bienes de los musulmanes.

Los judíos, establecidos en la ciudad desde época visigoda, formaban entonces una comunidad próspera gracias a la política de tolerancia que en general practicaron los árabes. Relacionados con la comunidad judía se conservan las Sinagogas del Tránsito, en la actualidad Museo Sefardí, y de Santa María la Blanca, parte del palacio de Samuel ha-Leví, tesorero del rey Pedro I, en la Casa de El Greco y el Mikwad o baño ritual, cerca de Santa María la Blanca.

Finalmente, pasaron a formar parte de esta amalgama social los cristianos que habían participado en la conquista , que, junto con las órdenes religiosas, recibieron del rey como recompensa casas y huertos en la ciudad.

Toledo se convirtió entonces en la ciudad de las Tres Culturas, en la que convivieron cristianos, musulmanes, y judíos. En ella tuvieron lugar fenómenos de intercambio cultural tan interesantes y fructíferos como la llamada Escuela de Traductores de los siglos XII y XIII, determinante en la transmisión de la cultura greco-latina y árabe, y el estilo constructivo mudéjar. De él encontramos ejemplos en muchos edificios religiosos de la ciudad como Santiago del Arrabal, las Iglesias de San Andrés y San Vicente y la torre de la Iglesia de Santo Tomé. Entre las construcciones civiles de estilo mudéjar destacan el Palacio de Fuensalida, el Taller del Moro, la Casa de Mesa, el Palacio de Galiana y la Puerta del Sol. Todos se construyen con ladrillo o mampostería encintada, cubiertos con bellos artesonados de madera y decorados con yeserías y azulejos.

En 1226 por voluntad de Fernando III y del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada se inicia la construcción de la Catedral, único edificio puramente gótico de este periodo, sobre el solar donde se asentaba la antigua Mezquita Mayor, que a su vez se asentó sobre un templo anterior de origen visigodo.

A partir del siglo XIV el ambiente de tolerancia que se había vivido en Toledo en los dos siglos anteriores va a desaparecer progresivamente, sobretodo en lo que se refiere a la comunidad judía a la que se acusa de ser la causa de todas las desgracias en una época de grave crisis económica y social.

La Reina Isabel I de Castilla (esposa de Fernando de Aragón) tomó dos decisiones que afectarían a la composición del entramado social toledano: la creación del Tribunal de la Inquisición, que se establece en Toledo en 1485, y el Decreto de Expulsión de los judíos de 1492.

Entre los edificios de su reinado destaca el de San Juan de los Reyes, de estilo gótico, que fue construido para conmemorar la batalla de Toro.

La ciudad de Toledo alcanzó su época de máxima expansión demográfica en el siglo XVI, durante el reinado del flamenco Carlos I. Fue ésta una etapa brillante en la que Toledo adoptó el Renacimiento con muestras de primer orden realizadas al amparo del mecenazgo real, al que se añadió el de los arzobispos toledanos, grandes promotores y mecenas de construcciones. Todo ello fue posible gracias a la existencia de magníficos arquitectos como Alonso de Covarrubias, escultores, pintores y artesanos continuadores de las tradiciones locales.

Durante el reinado de este monarca tiene lugar el levantamiento popular de las Comunidades de Castilla, donde Toledo tuvo un lugar preponderante, ya que en ella se inició y finalizó esta revolución del pueblo castellano, que según grandes autores como Maravall o Joseph Perez fue la primera revolución moderna de la historia. Gracias a figuras toledanas como Juan de Padilla o su esposa María de Pacheco la llama comunera prendió y se extendió por todo el Reino de Castilla.

Los edificios del renacimiento más sobresalientes son el Hospital de Santa Cruz, el Hospital de Tavera, el Alcázar (aunque se contruyó sobre otro anterior de origen árabe y este, a su vez, sobre otro de origen romano), la Puerta Nueva de Bisagra, la del Cambrón, el Palacio Arzobispal, y el Convento de San Clemente

Sin embargo esta etapa de esplendor duraría poco tiempo, pues en el año 1561 Felipe II decide trasladar la capital a la Villa de Madrid. A partir de entonces se inicia una etapa de progresiva decadencia en la que sin embargo desarrolla su actividad uno de los más destacados pintores: El Greco ( 1576-1614), cuya obra se conserva en iglesias y conventos, como la Catedral, Santo Tomé y Santo Domingo el Real; y en museos como el Museo-Casa de El Greco y el Museo de Santa Cruz.

Esta situación se perpetua hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando la llegada del ferrocarril da lugar a su expansión extramuros, extendiéndose por áreas más favorables desde el punto de vista topográfico y dando lugar a grandes barrios de nueva planta en los que hoy se concentra la mayoría de la población.

Actualmente, y tras la división arbitraria que se produjo en Castilla con la implantación del mapa autonómico, Toledo se encuentra separado del resto de la Castilla Norte en la llamada Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha (junto con Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Albacete), de la cual es la capital política.

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